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miércoles, 11 de julio de 2018

Paradoja anticoncepcionista

extraída de OB (UCV)

El ser humano, político y argentino, se nos presenta como una paradoja. Por ejemplo, las políticas que se presentan como salud reproductiva tienen como fin promover los métodos anticonceptivos. Otro aspecto de la paradoja, humana y argentina, puede evidenciarse en las políticas de salud pública. Mientras exigimos una ley para la fecundación artificial y gestación de un embrión humano también exigimos una ley para abortar la gestación. En el primer caso para exigir los derechos y que las obras sociales solventen los gastos acudimos a “los derechos del niño por nacer”. En cambio en el segundo caso no reconocemos que se quien se gesta  un ser humano y por lo tanto no se le reconoce ningún derecho. Cómo hemos llegado a tan irreconciliable contraposición. No te propongo una respuesta sino una aproximación

El hombre, de entre todos los seres vivos, es el único que controla la cantidad de nacimientos de su especie. Las demás especies tienen al ser humano para que los mantenga a raya. La denominada especie, (entiéndase los seres humanos sin importar su inclinación sexual) de cultura hegemónica y global, busca mediante la ciencia y la tecnología controlar la tasa de natalidad. De entre las razones esgrimidas esbozamos las siguientes: el incremento poblacional (superpoblación), las enfermedades de transmisión sexual y el no deseo de maternidad.

Durante los ochenta el slogan era “el incremento super-poblacional  no será directamente proporcional al incremento alimenticio”. Existía, o mejor, existe una idea: el no control de la natalidad desencadenará el fin de la raza humana. Suena exagerado. Sin embargo,  China el país que se tomó en serio el eminente peligro decidió promulgar la “ley del hijo único”. En pocas palabras si el primer hijo era mujer había que abortarlo. Si se quería tener un segundo hijo y este era mujer entonces debías pagar un impuesto. (La ley fue derogada hace poco tiempo). 

A su vez, se acentuó la problemática de enfermedades de transmisión sexual. En los 70 el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida hacía su aparición. Grandes campañas para el llamado “sexo seguro”. Evitar embarazos no deseados y prevenir el contagio de esas enfermedades. Tanto uno como otro fueron ligados con altos niveles de “embarazo adolescente”. Conllevó la inteligente conclusión de que la “cura” estaba en una educación sexual. Así desde los 80 para acá, y bajo el amparo de políticas neoliberales, se trazó una campaña que desembocó en la “ley nacional de educación sexual integral”. Tal ley trae aparejado el problema sobre la potestad de educación sobre los menores. Bajo la denominada ley la potestad recae en el Estado y ya no en los padres – progenitores y/o tutores. Pero esto es tela para cortar en otro momento.

Hoy la demanda exige “aborto legal, seguro y gratuito”. A diferencia de los problemas mencionados, la actual demanda no tiene como objeto la preservación de la raza humana sino el rescatar a las mujeres de la clandestinidad, de la muerte y del peso cultural de tener que ser madre aún sin desearlo. Cabría discurrir en la paradoja de reconocer derechos a un ser humano. La discusión termina siendo que el deseo de maternidad hace del embrión humano en gestación un “niño por nacer”, mientras que el no deseo de maternidad hace del embrión con idéntico ADN al niño por nacer un objeto sin voz, ni voto, ni derechos.

Semejante confusión solo persigue un fin. La ignorancia. Fortalecer la ignorancia de los ciudadanos, defender el argumento que mejor represente los intereses económicos de un grupo limitado, neoliberal y que poco le importa la dignidad humana.

Pasemos en limpio la paradoja, humana y argentina, que habíamos introducido. En todos los casos la preservación de la especie humana no solo es una decisión enmarcada en una vocación paternal-maternal. La potestad de determinar la cantidad de seres humanos se la han adjudicado los gobiernos y quienes lo financian. La cantidad de seres humanos ha dejado de ser una decisión íntima de la familia que decide por su propia posteridad para transformarse en una variable únicamente económica.

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